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Los Ángeles. Por Douglas Carranza y Beatriz Cortez.

 

El Programa de Estudios Centroamericanos en Northridge está bajo ataque porque tomamos la decisión de ejercer nuestro derecho garantizado por la primera enmienda a la constitución de Estados Unidos de expresar nuestras perspectivas sobre nuestro interés en contar con un espacio en nuestra universidad para explorar no solamente la cultura y la producción intelectual de nuestros vecinos del norte sino también de nuestros vecinos del sur, porque Centroamérica es parte de Latinoamérica. Nosotros no estuvimos involucrados en la formación del Centro de Investigaciones sobre México y Latinoamérica que fue establecido por la Facultad de Ciencias Sociales y por la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM recientemente en nuestra universidad. Además, este centro de investigaciones no es un programa académico, ni ofrecerá cursos, ni le quitará recursos a ningún otro programa. Nosotros fuimos invitados a la inauguración de este centro, al igual que más de otros 30 profesores de otros departamentos en nuestra universidad. La única diferencia fue que nosotros fuimos amenazados. Fuimos informados que debíamos expresarnos en contra de la existencia de este centro, y que si no lo hacíamos, un artículo titulado “Los muertos de hambre” sería publicado en nuestra contra, tal y como sucedió. Decidimos defender nuestro derecho a expresar nuestras perspectivas porque somos latinoamericanos y tenemos un compromiso con mantener nuestra participación en un diálogo latinoamericano de iguales y no un diálogo donde nosotros seríamos los sujetos del discurso y otros serían los objetos de nuestros estudios en absentia. Creemos en la democracia y la participación ciudadana, en el importante papel que la cultura, la literatura y el arte desempeñan en la formación de identidades, en la lucha social y cultural, y en la diversidad. Nuestro programa es de una naturaleza transnacional, y hemos trabajado juntos para convertirlo en un espacio exitoso que ha hecho un impacto en las vidas de nuestros estudiantes, sus familias y nuestra comunidad. Comprendemos que este programa existe gracias a muchas generaciones de estudiantes, organizaciones comunitarias, y el apoyo de diferentes departamentos y programas en nuestra universidad. También comprendemos que este programa no es lo que era en sus inicios cuando era un pequeño programa de sub-especialización con solamente cinco clases. Hoy día es una licenciatura en Estudios Centroamericanos, la única de su tipo en los Estados Unidos, que ofrece 26 cursos diferentes y cuenta con 10 profesores especialistas en este campo que celebran múltiples eventos cada semestre. Este espacio y nuestra comunidad merecen respeto. Nosotros, como intelectuales, también tenemos el derecho de construir un espacio que refleje las necesidades y los cambios demográficos de nuestra comunidad, y no queremos ser amenazados ni forzados a renunciar a nuestras ideas. Más importante aún, apreciamos el apoyo y la solidaridad que siempre hemos recibido de miembros de la comunidad chicana, así como de otros departamentos, colegas, y de la facultad de Humanidades, y no tenemos ningún interés en participar en una conversación colmada de ataques personales, que busca dividir nuestras comunidades o promover el odio. Continuaremos con nuestro trabajo con el mismo compromiso de servir a nuestros estudiantes y a nuestras comunidades regionales y transnacionales, pues ésta es y siempre ha sido nuestra prioridad.

* Beatriz Cortez es catedrática y Douglas Carranza es director y catedrático en Estudios Centroamericanos en la Universidad Estatal de California en Northridge.

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